La espera (Completo)
Menúa Reportajes Entrevistas Fotografías Viajes Opinión Ideas utópicas
laplumaafilada.es Ir a la página principal
RELATOS
Búsqueda personalizada
Concursos
Concursos

ENLACES DE INTERÉS

http://www.escribes.es/

http://room-chaos.blogspot.com/

http://conuvedeverso.blogspot.com/

Territorio ñ
Quiosco virtual
Contáctanos
Contáctanos Colaboración
De unos días para acá, me siento como si la tierra que hay bajo mis pies temblara de una forma muy distinta a la que estoy normalmente acostumbrado, como si el famoso e imparable cambio climático me afectase como al que más. Grandes mareos, inusuales subidas de tensión y, sobre todo, una incesante tormenta de preocupantes ideas comienzan a colapsar mi débil pensamiento. ¿Me encuentro ante el final de una etapa?, o por el contrario, ¿sólo es un obstáculo más dentro de mi existencia? Voces y más voces revolotean alrededor de mi cabeza y como pájaros carpinteros, taladran la poca serenidad que albergo dentro de mi cuerpo. No en vano, me resisto a pensar en la idea de un posible final, ¿por qué ahora?, ¿acaso no es indudable que me encuentro en la flor de la vida?
A veces no se como empezar una buena frase. O tan siquiera comenzar a escribir algo que sepa que ha salido de mi y lleva mi sello. Tengo la sensación de perderme en un mundo de sombras. A medio camino entre las siluetas de las personas y mis ojos y labios cosidos a una careta de cuero.

¡Nos vemos! (Completo)

Me gusta el Sur, soy un tipo sin Norte... (Completo)
Soy un tipo peligroso...Quizás deberías acercarte y no soltar...Nunca más mi mano. Todo el peligro que infiero a los demás es mi miedo sostenido. Miedo que me doy a mi mismo. Todo el peligro que rezumo es un dolor de ojos sin cuencas. Miradas vacías sin nombre ni dueño. Sin iris. Todo el peligro que creen que les abordaría a las personas si se ponen en mi camino, no es más que porque soy como un pequeño chaval inocente que todavía busca encontrar su sitio...¿Tú ya tienes el tuyo? Ayúdame..
Saco el boli con el que te escribo y te llegarán estas palabras. En el tren pasan cosas curiosas. No sé si calificarlas de raras, pero sí, al menos, de extravagantes. Situaciones que son un micromundo encerrado en otro más grande que, al tiempo, es imperceptible y duradero, especialmente cuando uno vive en una gran ciudad. Uno es tan anónimo como el membrete de una carta a un tal alguien. Pero pasan cosas curiosas para una persona y para otras no. Y, entonces, con el tiempo, también lo serán para éstas. No sé si llegas a comprenderme pero es algo que debía de contarte...Tal vez de una manera algo caótica. Al menos esa es mi impresión.
Camino a casa (Completo)
La bella fortaleza (Completo)

En lo alto de la montaña se hallaba, sin salida alguna, pero sintiéndose victorioso de tan increíble gesta. Éste, sabedor de su inmediato destino, dirigió la mirada al frente, a la inmensidad de la noche. Al mismo tiempo, con las retinas de color parejo a lo que le rodeaba, comenzó a acatar lo que se le venía encima. Cruel destino, la vida le había negado.

En un intento de recordar algo antes de lo inevitable, algo que le acompañara hacia la posteridad, lo más maravilloso de su vida, cerró los ojos, pues sólo así podría divisar tan esplendida armonía. Ya, no la volvería a palpar.

Gatos (Completo)

Me habitan gatos. Se deslizan por el espacio que dejan mis huesos y dejan pelo, rastros, los diminutos bichitos que los habitan. No paran de olfatearlo todo, y por eso a veces me quedo quieto -de repente- o doy un salto mortal: para afrontar sus bigotillos contra mis pulmones, contra el páncreas o el corazón.

Noches circenses (Completo)

No soy un hombre bueno. Eso he de reconocerlo. Cometí fallos, nunca malintencionados, pero he hecho daño a gente a la que quería. Siempre me he considerado un criminal. Primeramente, por el hecho de importunar a los demás con mi simple existencia. Por otro lado, por imponerme yo mismo la vida. Sin embargo, en mi defensa, he de aclarar algo: no vivo por mí, sino por los demás, ya que la existencia de otros me condicionan. Tal vez eso explique de algún modo mis tendencias misantrópicas.

La luz que pisamos (Completo)

Hace un tiempo, un mes más o menos, me fui a un centro comercial, Airesur, con una de mis hermanas, Cristina. Mientras ella estaba haciendo su deporte favorito (probarse ropa), me quedé embobado con algo. En este punto, pensarás que se trata de una mujer y, si hubiera sido así sería alguien de entre cuarenta y cincuenta años; de cabello castaño, ese tipo de pelo que recoge lo mejor del azabache, su fuerza, y del rubio, su luz; con las manos algo envejecidas denotando el rumor de haber acariciado otros cuerpos y lavado platos visibles e invisibles; unos tobillos, poesía erótica del romanticismo; y una mirada que derrama inteligencia y ternura. Pero no, la forma verbal elegida, el condicional, la que hecha por tierra la teoría del destino escrito, te habrá hecho ver que, en este caso, no hay tintes sexuales.

Una sombra sobre la duna (Completo)

Desde que la temblorosa patera hubo embarcado en la playa de Fuertesoplido, un universo interior y personal, ocupaba a pasos agigantados, remotos lugares en su corazón vacío...

            La mañana era sin duda la parte del día que más le gustaba a Raquel: sentir la suave y casi fresca brisa que la acariciaba por encima de las dunas le resultaba verdaderamente agradable. El resto del día en el desierto malagueño, acompañada por una escolta de guías galopando sobre meharis, más le parecía un paseo por el infierno que una expedición arqueológica.
El paria (Completo)

   Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no miraba por la ventana. Lo cierto es que no había tenido estos días muchas ganas de hacerlo. Por otro lado, vivía en un cuarto, por lo que rara vez los ruidos de la calle llamaban su atención. Para él abrir la ventana fue un auténtico alivio. Aire al fin en sus pulmones. Llevaba dos semanas mal viviendo y durmiendo en el comedor de su propia casa, sin abrir ventanas ni puertas.
   El comedor apestaba, aunque no tanto como él. Por otro lado, aparte del olor a humanidad, también había un olor extraño proveniente del televisor. La caja tonta lo ayudó a pensar en otra cosa durante mucho tiempo, pero ya no valía de nada. Es como una canción de estas típicas del verano: cuando te hartas de ella te deja de gustar y acabas aborreciéndola. Eso fue precisamente lo que le ha ocurrido hace unos instantes con la televisión.

1 2
Creative Commons License La Pluma Afilada by Antonio Gallardo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 3.0 España License