El insulto
Por José Joaquín López
Suele usarse para deshonrar a otra persona y hoy me voy a detener en el emisor del mensaje. Lo primero que salta a la vista es el sentimiento de superioridad que quiere transmitir el que dice tonto, jili, imbécil y demás improperios... ¿es que existen seres superiores? ¿Quiénes somos para dirigirnos así a otra persona? ¿Tanto nos invade el -teísmo como para imitarlo? Mi respuesta es No, no cabe este tipo de frases en mi mundo ni pienso que haya una jerarquía entre todas ellas ni creo que se pueda dividir a las personas según religiones.
Existe también el uso del insulto como un ahí lo dejo y si se enfada la otra persona digo que es ironía, que estaba de broma. La broma es ese submundo tan conocido como desconocido, y a la vez tan aplaudido como odiado, en el que entramos y salimos más fácilmente que dejamos entrar o salir a los demás. Creo que el que insulte debe ser alguien que se deje insultar, pero en mi opinión, rara vez se da este caso.
Por último, está el del colegeo, mi preferido aunque haga uso del anterior. Aquí, en mi opinión, el más usado es eres tonto. No se usa para menospreciar, sino para un acercamiento a nivel psicológico para decir somos iguales
No es fácil distinguir cuando alguien se refiere a uno u otro tipo, y yo al que abusa del insulto le pongo la etiqueta de complejo de inferioridad, alguien que coloca el foco de atención en la otra persona para que no se le enfoque. Desde luego, esta etiqueta no es indestructible. Dicen que las personas no cambian, al menos en lo importante. Como para mí, el insulto no es importante como tal, sino como una forma de conocer al que lo dice, creo que se puede quitar la etiqueta.

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