
Zitman, escultor de centollos
Por Maikel Perdiz
Dentro de la Sala Santa Inés en Sevilla existe una exposición de bronces bastante curiosa. Desde el 22 de Enero hasta el 15 de Marzo.
La misma, es en suma el ejemplo más venerable de la obra de un escultor holandés afincado en Caracas entorno a 1964.
Cornelis Zitman (1926), quiso evitar el servicio militar abandonando su país de origen. Convirtiéndose en el “escultor de la vida venezolana de aproximación social” más aventajado y por ende, en su embajador cultural.
Zitman nos descubre obras con una riqueza técnica bastante depurada tras su larga experiencia. Es así, que consigue texturas contrastadas entre el brillo casi blanquecino que irradian algunas esculturas y la tosquedad de “trapos sucios” con los cuales se visten sus figuras vivas de bronce.
Escuché el eco de una esquina, que me dijo: “moraleja, si quieres esculpir gordas ve a Venezuela”. Mis orejas se volvieron hacia dentro y pensaron mis desparramadas neuronas, pues sí. Ciertamente tenían parte de razón esas palabras tan crueles, sin embargo, la belleza volumétrica que evocan dichas esculturas resulta más que bastante argumento para asistir a la exposición. Quizás por apéndices de Henry Moore o su admirado Picasso, o tal vez gracias a la propia naturaleza voluptuosa y gracia de las gentes que Zitman observaba como un niño con una tiza.
También sería cierto señalar que hasta en los planos angulosos y finales pulimentados, el espíritu donatelliano se exhibe con toda su galantería técnica. Muestra de ello lo vemos en su magnífica obra “La caribeña”.
Espero que pueda volver a visitarnos muy pronto, porque nunca podremos olvidar la impronta de su obra en nuestra Hispalis.
La exposición está muy bien organizada, exceptuando las pegatinas en la pared que a modo de cartelas informan al visitante. Detalles que se nos pueden olvidar con facilidad cuando nos regalan, si lo pedimos, un póster conmemorativo…
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