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PENTAX DIGITAL CAMERAAl despuntar el día un ejército femenino  sale al son de la libertad, la igualdad y la fraternidad a luchar por el lugar que le corresponde. Mujeres modernas, guapas, inteligentes,  profesionales, pro activas (algunas con problemas de tránsito lento son pro Activia). Mujeres que pisan fuerte la alfombra del mercado laboral. (Qué después también le pasan quitamanchas a la alfombra porque hacemos de todo). Resolvemos doscientas cosas en un segundo y  otras veces en doscientos segundos una sola cosa. Lidiamos con problemas, con cuernos y  toros, con niños, novios, amantes o maridos, padre, suegras y cuñados, jefes, empleados y amigos divorciados, con hormonas y endocrinólogas, con sobrepeso y patas de gallos, con cobardes gallinas y cotorreos de pasillo. Con amores y cóleras, con dolores y zozobras. Con pasiones y sexo salvaje en las alcobas. A pesar de los gozos y las sombras, cada tanto miramos nuestro reflejo en un espejo y nos guiñamos el ojo orgullosas. Cada mañana las mujeres salen al mercado laboral, con las pestañas rizadas, la sonrisa pintada y el cerebro lleno de ideas burbujeantes y creativas.

Imaginen por lo tanto una alborada de noviembre en suelo ibérico. Una de esas madrugadas que limpian el aire con la luz de presente diáfano y un porvenir vigoroso. Madrid se despierta con aroma a tostadas y café con leche, zumo de naranjas frescas y diálogos deportivos en las barras de los bares. Mis deseos de devorarme el mundo y la tostada eran directamente proporcionales. Suena mi móvil y allí está la voz de ese señor con el que me tengo que reunir por un tema laboral. Su forma de comunicarse es amable y cordial. Hasta en el colmo del respeto me habla de “usted”.  Los temas que debo tratar con el caballero competen a mi trabajo profundamente y en tales circunstancias y con las referencias que trae el interlocutor accedo a encontrarte con él, en un almuerzo profesional. Qué sucede mis queridas lectoras y lectores cuando te reunís con ese caballero por temas de trabajo y  ese  contexto de  tet a tet el individuo pasa la mitad del tiempo apreciando las idem. En medio de pleno meeting te lanza varios galgos al cuello, ¿qué hacer? En ese momento desearíamos que el sujeto fuera un sujeto omitido. El sujeto ha predicado con mucho respeto su devoción a nuestra voluptuosidad y hace varios renglones que ha dejado de escuchar nuestra disertación profesional. El tipo tiene esa luz libidinosa que nos penetra con efecto láser y del bigote asoma una babosa excitación endocrina.   Raya en lo correcto, pero se pasa unos pasos. No es tan grosero o guarango como para pedirle que se contenga. Va y viene del tema central de la reunión de forma que maneja el partido con cintura,  para dejarnos despistadas. En un momento comete la osadía de pasar su mano por nuestro rostro y es allí donde la rabia se refleja en nuestra voz y damos por terminado el encuentro, visiblemente molestas. El hombre nos mira incrédulo, no entiende nuestro malestar.  En el final nos retiramos lamentando no ser un poco menos civilizadas para poder troncharle una buena zurra al galante baboso en el medio del bigote.